LA CULPA EN EL DERECHO ASEGURADOR PARAGUAYO

Ernesto Batscheck Bryanzeff ([1])

            El régimen de la culpa en el derecho asegurador paraguayo, encuentra su sustento en el artículo 1.609, y 1.649 del Código Civil Paraguayo, a más de  algunas cláusulas preimpresas y preaprobadas por la Superintendencia de Seguros.-

            En ese contexto la norma del artículo 1.609 dice: “El asegurador queda liberado si el tomador o el beneficiario provoca el siniestro, dolosamente o por culpa grave. Quedan excluidos los actos realizados para precaver el siniestro o atenuar sus consecuencias o por un deber de humanidad generalmente aceptado”.

            Por su parte el artículo 1.649 nos dice. “El asegurado no tiene derecho a ser indemnizado cuando provoque dolosamente o por culpa grave el hecho de que nace su responsabilidad”.-

             Es de destacar que la normativa del Artículo 1.609 antes aludido se refiere a las relaciones nacidas del contrato de seguros, y como consecuencia de la convención entre las partes. Resulta obvio entonces que la apreciación de la culpa se regulará desde el punto de vista estrictamente contractual, es decir, la imputación subjetiva al Asegurado, que el Asegurador formula, invocando la normativa, es como resultado del incumplimiento de las obligaciones pactadas por parte del Asegurado.-

            Cuando hablamos de la normativa del Art. 1.649 nos referimos a las relaciones entre el Asegurado y el tercero damnificado que aparece identificado al momento de ocurrir el siniestro y al momento de producirse el daño al tercero. En consecuencia la aplicación de ésta normativa surge a partir de la imputación subjetiva que realiza el Asegurador al Asegurado, pero como consecuencia de su obrar negligente, imprudente o grosero con el tercero innominado, que aparece identificado al momento de producirse el siniestro.-

            Cuando nos referimos a la normativa contenida en el artículo 1.649 inevitablemente debemos hacer remisión a lo que dispone la normativa contenida en el Artículo 1.644 también del Código Civil, pues por el mismo, “el asegurador se obliga a mantener indemne al asegurado por cuanto deba a un tercero en razón de la responsabilidad prevista en el contrato”. Esto significa que, contrariamente a lo que disponen las modernas corrientes del derecho de daños, en virtud a las cuales lo que verdaderamente se protege es a la víctima, generándose en su favor no un derecho a la indemnización sino un verdadero crédito contra el autor del daño, lo que el artículo 1.644 nos quiere decir es que el Asegurador asume el compromiso de mantener indemne el patrimonio del asegurado y protegerlo a él.-

            Sin embargo, más allá de las disquisiciones filosóficas que podamos formular en torno a éstos artículos, lo relevante es que, en el contexto de la tesis dualista sostenida por el Código Civil Paraguayo (responsabilidad contractual y extracontractual), somos de la opinión que, todo el análisis de la culpa en el derecho asegurador, debe partir de la premisa que la aplicación de la normativa del Art. 1.609 surge como consecuencia de la imputación subjetiva que formula el Asegurador al Asegurado en el marco de la relación contractual, y la aplicabilidad de la normativa del Artículo 1.649 surge en el marco de la aplicación concordante con la contenida en el Art. 1.644, por lo que va de suyo que la imputación de culpa que formule el Asegurador al Asegurado es en el marco de un hecho que nace extra contractualmente, prevista como posible en la relación contractual, pero, que deviene de una sucesión fáctica ajena a la relación contractual.-

            Ahora bien, no menos interesante resulta la evolución que registro la teoría de la cobertura de los hechos con culpa. Esto es así, pues, la concepción tradicional imponía, en el ámbito del seguro, la proclama de la inasegurabilidad de los hechos con culpa del asegurado, basándose en el carácter aleatorio del contrato de seguros imponiendo como imperativo que el riesgo provenga siempre de un evento incierto, fortuito o fruto del azar, es decir, no producto de la acción del hombre, considerándose éstos hechos como violatorios a la moral y al orden público. Esta posición la sigue manteniendo la legislación de Nicaragua. En efecto, el artículo 535 del Código de Comercio dice claramente que “solo podrán ser objeto de cobertura los hechos provenientes de casos fortuitos o de fuerza mayor. La legislación de Venezuela asume una posición similar y en el artículo 560 del Código de Comercio dice claramente que el asegurador solo asume los hechos ocurridos por caso fortuito, asumiendo, ambas legislaciones una postura decimonónica ya abandonada por la moderna concepción del derecho asegurador.-

            Es así que el 25 de Enero de 1.844 el Tribunal de París decía: Es contrario al orden público el admitir un seguro que cubra los cuasidelitos que pueden ser cometidos por el asegurado……………………,pues, dicho seguro supone un estímulo a la incuria y a la negligencia de las personas.-

            La cobertura sustentada sobre hechos con culpa del asegurado, se va abriendo camino, manteniéndose primero la inasegurabilidad de los hechos con dolo y culpa grave, para luego, incluso estar frente a la posición como la sostenida por nuestra parte, que no existe razón lógica para establecer una diferencia entre culpa y culpa grave, estando al abandono de la teoría de la graduación de las culpas, sostenida por el Código Civil Paraguayo (art. 421) inspirado en el artículo 512 del Código Argentino de Vélez Sarfield.-

            Por otro lado cuando el artículo 421 habla de la culpa, define un solo tipo de culpa contractual a ser tenido en cuenta en las relaciones contractuales, cualquiera sea su naturaleza, y fundamentalmente, en ausencia de un estatuto o ley en particular que regule el instituto del contrato de seguro en Paraguay, somos del criterio que el modelo a ser utilizado debe necesariamente enmarcarse aunque sea por aproximación a lo que dispone el artículo 421, pues, somos también del criterio que la división de la culpa en grados, solo sirve, como sostenía Velez Sarfield, “para desparramar luces falsas y generar tantas interpretaciones en torno al hecho, al cual se le pretende imputar subjetivamente la calificación de grave, como situaciones se presenten”. El Código de Vélez ya había abandonado las especies de culpa, grave, leve y levísima por ser una de las tesis más oscuras en el derecho.-

            En cuanto a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar, dan a los jueces mayor latitud para colocarse en todas las hipótesis. El inconveniente –concluye el autor- que suele emanar de la arbitrariedad judicial, es menor que el derivado de los regímenes anteriores, y por otra parte el distingo se funda en la calidad de las relaciones jurídicas. [2] 

            Ahora bien, la pregunta que nos corresponde formularnos es, ¿Cómo definir un acto gravemente culposo y excluirlo de las garantías asegurativas de la póliza de seguros, cuando que, el artículo 421 no impone la graduación de las culpas y la función del asegurador, justamente es, garantizar los eventos siniestrales ocurridos con culpa. Admitir una idea en contrario, sería consentir que solo los hechos fortuitos se encuentran cubiertos y ésta de por sí, ya representa una conclusión decimonónica.-

            La culpa es siempre única. Siempre consiste en la omisión de aquellas diligencias exigidas por la naturaleza de las cosas, para evitar un daño. Es siempre un error de conducta, sea por negligencia, impericia o imprudencia y lo característico es que, en el acto culposo, existe ausencia de voluntad, no existe intención de dañar, pues el comportamiento reprochable, está libre y exento de malicia, por lo que, en el acto culposo no tiene influencia alguna la volición. El resultado dañoso, depende siempre del azar. En el resultado dañino del acto culposo, existe un fuerte componente de azar. Lo que sí corresponde destacar es que, el agente que obró con culpa, tenía la obligación de advertir las consecuencias de sus actos y de prever el resultado y como no advirtió o previó, se produjo el daño y en consecuencia se lo hace responsable del mismo.- 

            Desde el punto de vista de la técnica aseguradora, acontece exactamente igual, pues, tratándose de una negligencia o imprudencia, el acto culposo, es siempre, hacer más o hacer menos. Pero lo definitivo es que, en la manifestación de la culpa, no existe el elemento característico del dolo cual es la deliberada intención de cometer una acción contra el derecho. Por lo que en esencia en el acto culposo, siempre existe ausencia de intención y a los efectos de lograr la construcción lógica-jurídica, nos permitimos formular la siguiente proposición:

  • En la culpa existe ausencia de intención,
    • Al haber ausencia de intención, existe azar,
    • Al haber azar, existe presencia de incertidumbre,
    • Al haber incertidumbre, en la realización del evento, se da uno de los presupuestos del riesgo, desde el punto de vista de la técnica aseguradora.-

            Debemos de concluir que si el acto voluntario es aquel cometido con discernimiento, intención y libertad y en el acto culposo, aunque sea grave, no existe presencia de voluntad, significa que no existe ni intención, ni libertad, ni discernimiento. Al no encontrarse reunidos estos elementos, el hecho siniestral es incierto.-

            Al ser el hecho siniestral incierto, reúne la característica exigida por el artículo 1.546 primera parte del Código Civil que dice: “Por el contrato de seguro el asegurador se obliga mediante una prima, a indemnizar el daño causado por un acontecimiento incierto, o a suministrar una prestación al producirse un evento relacionado con la vida humana”. El artículo 1.599 dice cuanto sigue: “Puede ser objeto de los seguros de daños patrimoniales cualquier riesgo si existe interés lícito de que un siniestro no ocurra”.-

            En conclusión, la culpa denominada grave, no encuentra razones técnicas suficientes, para ser excluida de las garantías asegurativas de la póliza de seguros, por lo que la norma contenida en los artículos 1.609 y 1.649 del Código Civil, encuentra una presencia poco feliz en el mencionado cuerpo normativo.-

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[1] Abogado,

Doctor en Ciencias Jurídicas con calificación Suma Cum Laude.-

[2] Carlos Echevesti, op. cit. pág. 102.-

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